¿Mad Max, Fuga de Los Ángeles, Los Juegos del Hambre? ¿O más bien un entorno más amable, como en Los Supersónicos o El Hombre Bicentenario? ¿A qué escenario de película futurista se parecerá la economía de acá a fin de siglo? La pregunta recorre un debate que tiene a los economistas académicos en un estado de excitación y perplejidad como no se veía desde hacía años. Muestra una vuelta de los "grandes temas" (crecimiento, desarrollo, desigualdad , avance tecnológico) al primer plano de la discusión de la "ciencia sombría" , y también interpela a la disciplina en sus supuestos metodológicos más básicos.

 

 

 

Las referencias cinematográficas están en línea con el recorrido que tuvo en el último mes el libro del economista francés Thomas Piketty, El capitalismo del siglo XXI, digno de una producción de Hollywood. Es la primera vez que una obra densa, de casi 700 páginas, trepa tan rápido al puesto número uno de ventas en la categoría de no ficción de Amazon, mientras al autor, hasta hace un mes un profesor de bajo perfil de la Escuela de Economía de París, le llegan ofertas para filmar documentales y autorizar una ópera basada en sus escritos. Piketty, con 42 años, tiene reservada su agenda de charlas para todo el año. El capitalismo... fue reseñado como "el libro de la década" (en economía) y en The New York Times dominical ilustraron su comentario con tapas de clásicos de Adam Smith, Thomas Malthus, Karl Marx y John Maynard Keynes.

 

El trabajo de Piketty (comentado en este suplemento hace un mes, antes de que se difundiera en Estados Unidos y comenzara el furor, por sugerencia del profesor de la UTDT Pablo Gerchunoff) resultó una biblia para el bando de los académicos más pesimistas, que postulan un escenario de "estancamiento secular" para las próximas décadas.

 

"La moda lúgubre -lo calificó el economista argentino Eduardo Levy Yeyati-. Me parece que el futuro es impredecible. Pero el apocalipsis vende bien, y finalmente nadie recuerda los fatalismos fallidos. Algunas de esas predicciones suenan a ciencia ficción vintage, como el mundo de Blade Runner, cibernético y niponizado."

 

¿Cuáles son los argumentos centrales de Piketty? El economista sostiene que en las próximas décadas la distribución del ingreso en los países con democracia y libre mercado empeorará, producto de una tasa de crecimiento baja y de otras fuerzas inherentes al capitalismo. Piketty ataca la médula de la conclusión ortodoxa que aseguraba que el crecimiento en un sistema de libre mercado "derrama" sobre las capas menos favorecidas y que los niveles de desigualdad tienden a estabilizarse en niveles razonables, de manera que toda la población termine experimentando mejoras en su calidad de vida. El origen de esta visión se remonta a 1954, cuando el economista Simon Kusnetz difundió su famosa "curva" homónima, que mostraba que la desigualdad subía en la primera fase, cuando se producía la disrupción en los métodos de producción, luego se estabilizaba y finalmente comenzaba a mejorar en las etapas de mayor desarrollo.

 

Para Piketty, la visión de Kusnetz y sus seguidores estuvo sesgada por un período completamente excepcional de la historia moderna, que no tiene por qué repetirse en las próximas décadas. Entre 1914 y 1973 se produjeron dos guerras mundiales que destruyeron activos de las capas más ricas, se introdujo en los países desarrollados el impuesto a las ganancias -en buena medida para financiar las acciones bélicas-, surgieron los sindicatos organizados que llevaron una mayor porción de la "torta" para los trabajadores asalariados y hubo una Gran Recesión que también afectó al stock de capital y a las grandes fortunas de Estados Unidos y Europa. "Hoy, mientras el ingreso mundial crece 2% anual, la riqueza de los más poderosos aumenta entre 6 o 7%", argumenta.

 

El "fenómeno Piketty" fue tan vertiginoso que las críticas no tardaron en llegar. Y llueven de todos lados: por izquierda y por derecha. Los economistas heterodoxos se quejan de que el académico de la Escuela de París no inventó nada nuevo, y de que sus argumentos vienen siendo repetidos desde hace años por otros colegas -a veces con las mismas fuentes empíricas- que no generaron el mismo ruido. "Esto ya fue dicho desde 1988 por economistas como Larry Mishel, James Galbraith, Edward Wolff, Branco Milanovic, Anthony Atkinson y François Bourguignon. El punto es que los economistas del mainstream (corriente principal) tienen problemas para reconocer estos trabajos porque implica legitimar las fuentes", sostuvo Thomas Palley, de la New America Foundation, un crítico habitual de la "matriz neoliberal". Además, Palley y sus colegas acusan a Piketty de "naíf" porque propone como solución un impuesto a la riqueza del 1% anual (y global, para que nadie pueda escaparse a paraísos fiscales), algo que será políticamente difícil de imponer en un mundo en el cual los más ricos tienen cada vez más poder.

 

DESIGUALDAD Y BREAKING BAD

 

 

"La versión canadiense de Breaking Bad parece bastante aburrida. Termina cuando él tiene cáncer y el Estado le cubre todo el tratamiento", bromeó semanas atrás en un tuit el comediante estadounidense Will Ferrell, en relación con la serie estadounidense en la que el protagonista, Walter White, se convierte en productor de drogas cuando no puede pagar su tratamiento contra la enfermedad. La clase media canadiense superó este mes a la de Estados Unidos como la más rica del mundo, en una marca que muchos interpretaron como icónica del estancamiento en el que está sumida la mayor economía del mundo desde 2007.

 

Para algunos observadores, ésta es la razón por la que el libro de Piketty tuvo tanto éxito en Norteamérica y tan poco en Francia, donde fue lanzado un año atrás y apenas pudo llegar al puesto 198 en las ventas: tocó un nervio muy sensible en una sociedad con desempleo persistente, bajo crecimiento y desigualdad en ascenso. Un caldo de cultivo muy propicio para las visiones más negras sobre el futuro.

 

"El análisis de Piketty es brillante, pero están sesgadas sus proyecciones largas, en las que fracasaron pensadores de la talla de Marx (no vio el nacimiento de las clases medias y de la socialdemocracia), Keynes (pronosticó estancamiento secular justo antes de la mayor era de crecimiento de la historia) o Myrdal (vio muy difícil que Asia creciera, justo antes de su gran salto) -explica Juan Llach, profesor del IAE-. En mi visión, el gran error de Piketty es centrar su análisis en los países desarrollados, cuando el centro de la acción estará cada vez más en los emergentes. Allí, miles de millones de personas están saliendo de la pobreza, todo indica que seguirán creciendo mucho tiempo y, sí, hay enormes desafíos por la desigualdad y la exclusión. Pero estamos en el minuto 1 o 2 del primer tiempo."

 

Para el profesor de la UBA y Udesa Daniel Heymann, "el aumento de la desigualdad en el Norte (y en otros lados como China), con un sesgo hacia los muy ricos es claramente un hecho saliente de las últimas décadas y que ha tenido y tendrá fuertes repercusiones sociales". Pero Heymann también pone un ojo crítico en la teoría del estancamiento secular: "Proyectar evoluciones sistémicas a plazos más o menos largos es extremadamente complicado. Obvio, pero conviene no olvidarlo."

 

Uno de los ejes argumentales del bando de "los pesimistas" tiene que ver con las dudas puestas en el aporte del progreso tecnológico al crecimiento. Esta línea crítica tiene a su máximo exponente en el profesor de Northwestern, Robert Gordon, quien dice que el potencial económico de Internet, del proyecto del genoma o de la robótica empalidecen al lado del aporte que hicieron en su momento sobre la productividad el motor de vapor o la difusión de la plomería y las cloacas en las casas de familia, a fines del siglo XlX.

 

"La teoría del estancamiento secular subestima el impacto de la innovación tecnológica en estimular el crecimiento en el largo plazo. Si algo muestra la historia de los últimos 200 años, es la enorme capacidad de reinvención del capitalismo -explica Lucio Castro, director del área de economía del Cippec-. Históricamente, ha habido un retraso entre las olas de innovación tecnológica y la capacidad de absorción del mercado laboral de esos cambios tecnológicos. Por eso, la educación y la política fiscal (también del lado del gasto) han jugado y jugarán el partido decisivo para mitigar los efectos de la tecnología sobre la inequidad."

 

UNA GALAXIA MUY, MUY LEJANA.

 

A los 18 años, Piketty egresó de la École Normale Supériure de París con las notas más altas en matemáticas, lo que cual le valió ofertas para ir a estudiar a Harvard, a Chicago y al MIT. Optó por la última alternativa, pero a los 22 años se volvió a su país natal. "Mi sensación era que allí (en Boston) iba a tener incentivos muy fuertes para seguir trabajando en lo que era bueno: resolver teoremas matemáticos", confesó el francés Piketty esta semana.

 

El autor de El capitalismo. cree que los buenos economistas deben relacionarse con la historia, la antropología y la sociología; y es un admirador de los trabajos de Pierre Bourdieu, Fernand Braudel y Claude Lévi-Strauss. Por eso su libro mezcla macroeconomía con micro, a la vez que se nutre de lo último en aprovechamiento econométrico de Big Data, con un trabajo empírico impecable (parte del cual es responsabilidad del economista argentino Facundo Alvaredo) que fue elogiado hasta por los críticos más severos.

 

Pero más allá del feroz contraataque contra el economista del momento, lo cierto es que el fenómeno Piketty está sirviendo para volver a enamorar a la "ciencia sombría" con los "grandes temas" de crecimiento, desarrollo, desigualdad, avance tecnológico, etcétera.

 

"El desarrollo, entendido como crecimiento sostenido con equidad, siempre fue la gran motivación de los mejores economistas -dice Levy Yeyati-. Pero es cierto que la ausencia estimula la búsqueda. Así como hoy el bajo crecimiento nos lleva a interrogarnos sobre el crecimiento, el descenso de la pobreza en los años buenos profundiza el debate sobre la desigualdad: ¿por qué el crecimiento nos hizo a todos menos pobres pero no nos hizo más iguales?"

 

"En los últimos años, la economía les había perdido el gusto a los grandes temas. Fuimos hacia los pequeños tópicos, cuya versión extrema es Freakonomics, en el que se discuten las reglas del sumo o por qué los vendedores callejeros de drogas viven con sus madres", aporta el economista Branco Milanovic, de la Universidad de la ciudad de Nueva York, "¡España tiene 25% de desempleo y nosotros estamos discutiendo las reglas de los luchadores de sumo!"

 

¿A qué película se parecerá la economía en 2100? Difícil saberlo, pero si hay que apostar, esta nota se juega por Star Wars: todo el devenir del sistema capitalista confluirá, luego de resolver sus tensiones distributivas, en la boda de Han Solo y la princesa Leia, con Chewbacca y los robots Arturito y C3-PO emocionados al costado. The End.

 

Fuente: LaNacióm.com