Aphra Behn, la primera escritora profesional de la historia de la literatura inglesa, quien fue un modelo para tantas otras como Jane Austen, las hermanas Brontë o incluso Virginia Woolf, dijo en cierta ocasión que “el dinero habla un lenguaje que todas las naciones entienden”. Tal vez el dinero hable algún tipo de esperanto global, pero queda claro que en cuanto a la Contabilidad, todavía le falta bastante tiempo para estandarizar todas sus normas, al estilo ISO 9000.

 

 

Y, en estos temas, “sin embargo se mueve”, como dicen que dijo Galileo después de salvarse de la hoguera por negar que la Tierra era el centro del universo. Porque tras 12 años de duras disputas, finalmente se logró alcanzar un consenso para definir una única normativa mundial respecto a cómo registrar la facturación de una empresa.

Todavía hay muchos aspectos en contabilidad en los que a nivel mundial existe más de un criterio para su medición. De hecho, Fray Luca Pacioli jamás se hubiera imaginado la cantidad de controversias que iba a generar su sencillo método de registro por partida doble. Pero la realidad indica que en temas como el de la facturación de una compañía, llegar a un acuerdo respecto de la forma de su registración contable tomó más tiempo que muchos de los tratados de libre comercio que se han estado negociando en el mundo en estos últimos años.

Porque aunque parezca un aspecto insignificante que depende de organismos casi desconocidos, lo que hay en juego afecta de manera profunda a las finanzas internacionales. En un mundo globalizado como el actual, resulta más difícil decidir cómo diversificar una cartera inversora con acciones de algún mercado si no se está seguro de los registros contables de esas compañías, o si no existe un criterio uniforme para evaluarlas y compararlas. Vale como ejemplo de esto el impacto que causó la manipulación de la tasa Libor, una referencia mundial para definir el costo de los créditos y contratos.

“Las nuevas reglas van a permitir a los inversores confiar en los datos corporativos y en lo que significan”, afirmó Ian Mackintosh, vicepresidente del IASB, International Accounting Standards Board, uno de los dos organismos supranacionales que terciaron en este asunto. El otro es el Financial Accounting Standards Board (FASB), encargado de definir las normas contables en EE.UU. El IASB, en cambio, es una institución basada en Londres que ha desarrollado las normas IFRS, utilizadas en todo el mundo excepto en el territorio estadounidense.

Entre el IASB y el FASB hay mucho más que una simple disputa por definir un criterio. Cada organismo es defendido por un gigante económico que quiere imponer al otro de qué manera se van a llevar adelante las cosas. El FASB es apoyado por el gobierno de EEUU, mientras que la UE se inclina por el IASB. Esta pelea se replica en muchos otros frentes más, tales como el recalentamiento global, las patentes, la sanidad de los alimentos, la extracción de hidrocarburos con tecnología no convencional (shale), la apertura comercial, las políticas de emisión monetaria y depreciación de la moneda, etc.

En este caso, el acuerdo alcanzado fija que la facturación deberá ser registrada en las cuentas de cada empresa cuando el bien o servicio haya sido entregado al cliente. Esto que parece algo trivial deja de serlo cuando se trata de compañías donde los contratos contemplan la provisión de bienes o de servicios a entregar de manera diferida. Hasta ahora, había distintos criterios para registrar estas transacciones comerciales en las cuentas corporativas, pero a partir de 2017, el sistema será el mismo para todas las empresas que coticen en bolsa (el resto contarán con un año más).

En el caso de las normativas actuales que se aplican al mercado estadounidense, la nueva regla va a reemplazar 200 variantes que hoy existen en su forma de registro, adaptadas a cada industria en particular. Y va a evitar la registración adelantada de la facturación, algo contra lo que ha tenido que lidiar la Securities and Exchange Commission (SEC), a cargo del control de los mercados financieros de EEUU.

De acuerdo con los especialistas, las empresas más afectadas por la nueva normativa serán las de telecomunicaciones, constructoras, fabricantes de software, inmobiliarias y gestión de activos. Por ejemplo, es bastante común que una empresa de telefonía transfiera la titularidad de un celular a un cliente después de varios meses de iniciado el abono (pueden llegar a ser 24 en muchos casos), por lo que esa venta del equipo se deberá facturar más adelante y no quedará registrada en el momento de la entrega en comodato.

“En la industria del software, la facturación será registrada con bastante anterioridad a lo que se estila actualmente, mientras que en la gestión de activos, varios gestores registrarán su facturación más tarde de lo que lo hacen hoy”, explicó Russell Golden, presidente del FASB, quien agregó que el acuerdo alcanzado recientemente “representa un gran avance a nivel de mediciones, ya que los inversores podrán predecir la facturación y las ganancias futuras de las empresas”.

Si todavía falta bastante camino por recorrer para que todos adopten los mismos criterios contables (los analistas anticipan una dura batalla entre el IASB y el FASB para armonizar las normas relacionadas con la industria bancaria y de seguros), los avances alcanzados para hablar el mismo idioma en materia de facturación son una señal alentadora para los mercados de todo el mundo, que buscan la máxima transparencia a la hora de decidir en qué compañía invertir