El Gobierno oficializó ayer los cambios en el esquema del impuesto a las Ganancias para asalariados y jubilados. El decreto 1242, publicado en el Boletín Oficial dispone que quienes entre enero de este año y este mes no hayan tenido ningún salario o haber bruto mensual superior a $ 15.000, no tributarán Ganancias a partir de ahora, y que quienes perciban una remuneración de entre $ 15.001 y $ 25.000 tendrán una reducción de la carga respecto de lo que venían aportando, por efecto de una suba de 20% en las deducciones aplicables.

 

 

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Desde la AFIP confirmaron a LA NACION que, como surge de la letra del decreto, aún cuando a un trabajador o jubilado le otorguen en los próximos meses un incremento en sus ingresos que lleve a que se supere el piso dispuesto, no tendrá retenciones por el impuesto. De esta manera, si hay una recomposición por inflación no se comenzará a tributar, pero tampoco ocurrirá eso si la persona tiene mayor remuneración a causa, por ejemplo, de un ascenso.

Más allá de ser valorada como un hecho positivo, porque reconoce que el impuesto estaba retrasado en relación con la inflación, los tributaristas advierten que la medida no soluciona las distorsiones del sistema y en algunos casos las agrava. Por caso, se amplía la brecha del nivel de ingresos imponible entre autónomos (que no tienen mejora alguna) y asalariados. Y entre éstos últimos, se produce como efecto que, en algunos casos, haya quienes con mayor remuneración bruta que otros, se queden con un menor ingreso de bolsillo, a causa del descuento impositivo.

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Para fijar el límite de los $ 15.000 y también el de los $ 25.000 (que determinará si hay alivio o no de la carga), no se tiene en cuenta el aguinaldo ni pagos extraordinarios, pero se entiende que sí se incluirán conceptos como las horas extras. "Se consideran los conceptos habituales, de carácter ordinario", sostuvo Andrés Edelstein, socio de PwC, quien agregó que una de las cuestiones observables del sistema es que no se dispone un mecanismo permanente de actualización, además de que, en este caso en particular se vulnera la equidad entre empleados.

Un caso concreto de este efecto se daría entre un empleado soltero con un salario bruto mensual de $ 14.900, que se quedará en su bolsillo con $ 12.367 y quien, también sin cargas de familia, haya quedado justo al otro lado de la nueva frontera: con $ 15.100 tendría un descuento por Ganancias de unos $ 640 y entonces, lo efectivamente percibido bajaría a $ 11.892. Con una remuneración bruta de $ 16.000, el ingreso final de bolsillo sería bastante similar al de 14.900 pesos.

Las nuevas bases para el cálculo impositivo están vigentes para lo que se pague desde el 1° de septiembre. "Los pagos correspondientes a agosto que se hagan el mes próximo estarán incluidos", explicó César Litvin, presidente del Instituto Tributario. Para el tributarista, al tratarse Ganancias de un impuesto de cálculo anual, las deducciones también deberían contemplarse de esa manera. Si esto fuera así y tal como ocurrió en años anteriores, se entendería que la base para cobrar el impuesto en todo 2013 es la dispuesta para los meses de septiembre en adelante. Y entonces, el Fisco debería devolver lo ya cobrado "de más". Sin embargo, desde el Gobierno descartan que eso vaya a ser así.

Otro rasgo distorsivo que no se corrige con los cambios actuales, apuntó Litvin, es la vigencia de una tabla de alícuotas crecientes, para la que no hay actualización (de los valores tope de ingreso neto para ser incluido en una u otra tasa) desde hace más de una década.

Para Litvin, "es inadmisible la discriminación para los autónomos, que ya existe y se profundiza" con el decreto. Eso provoca que, a igual nivel de ingresos mensuales, el impuesto que paga un independiente pueda duplicarse y más aún, respecto de lo aportado por un asalariado. Tampoco cambian las obligaciones de los monotributistas, en cuanto a los topes de facturación para estar en cada escala y para permanecer en el sistema y no pasar a ser autónomo.

"Es una solución transitoria", advierte un informe de los economistas Nadin Argañaraz y Andrés Mir, del Iaraf. Eso anticipa que al firmarse nuevos acuerdos salariales para compensar la inflación volverá a surgir el problema del retraso del esquema impositivo, que se deriva de la inexistencia de un mecanismo de actualización. Además, se califica la medida como "positiva" pero a la vez "no equitativa", porque no da solución a las distorsiones.

La aparición de un esquema de diferentes "pisos" para determinar de cuánto serán las deducciones (se excluye de todo alivio a quienes tengan un salario de más de $ 25.000), lleva a no pocos a recordar la denominada "tablita de Machinea", que reducía las deducciones a medida que aumentaba el salario, y que fue eliminada años atrás por el Gobierno. "Reaparece la existencia de mínimos y deducciones diferentes según el tramo de ingresos", señala el Iaraf.

Para Guillermo Poch, director de Impuestos & Legales de BDO, el monto dispuesto para determinar quién tributa es indicativo de capacidad contributiva, pero debería pensarse "una herramienta para evitar que se den las distorsiones".

Fuente: La Nación.com

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